jueves, 28 de junio de 2007



Vale la pena querer amar
Sin conocerlas , siento el dolor y la impotencia de muchísimas personas. Y el caso es que yo misma me veo capaz de cualquier barbaridad. Sin la gracia de Dios sin duda sería así. ¿Quién soy yo para permanecer en Su gracia? Nada y menos que nada. Bueno, sí , soy hija de Dios que es serlo todo. De un Dios que me acoge siempre - haga lo que haga- en el sacramento de Su misericordia infinita. De un Dios al que comulgo en Su Cuerpo y en Su Sangre. ¿ Conocen una intimidad semejante?
Voy a contar algo confidencial. Hace pocos dias, en la sobremesa de la cena, mi hijo menor a proposito de la conversación en que estabamos enfrascados, nos dijo : " Si ustedes se separan , la vida ya no tendría sentido para mi, todo me daria igual ; haria muchas estupideces !!". Mi marido y yo nos quedamos helados. Y pensativos. El amor conyugal es una responsabilidad muy grande. Pero esta responsabilidad se fundamenta en la entrega divina. Porque Jesus se nos entrega cada dia, en cada instante. El se enamora de nuestro amor. Y nos impulsa a una delicadeza mayor con el otro.
Tenemos que rezar mas, abandonarnos mas en el Señor. Porque no nos entendemos ni nosotros mismos. Y caimos una y otra vez en alejarnos de Su gracia, en el pecado.Sin fidelidad en lo pequeño.¿Es posible ser santos en el matrimonio si nos abandonamos a mil fantasias o nos acostumbramos a un corazón enfermo de egoismo?. Nuestros hijos lo perciben, se dan cuenta. Necesitan vernos serenos, piadosos, alegres. Necesitan ver en nuestra mirada delicada caridad, y sentir en nuestras palabras el tacto de la misericordia de Dios.
Pensemos despacio, con calma. No nos precipitemos en la angustia del momento . ¿Una mujer?, ¿Un hombre? ¿Una crisis de madurez? ¿La bebida o la droga?. Siguele queriendo y perdonando.Una vez y siempre. El Espíritu Santo y tu ángel de la guarda te ayudaran. Renueva ante Dios tu entrega cada dia. Dile : "No entiendo nada de lo que nos pasa Señor, pero confío en Ti, te ofrezco todo lo que soy, cada lagrima. En Ti dejo mis miedos y mis planes y mi vida. Cuida de mis hijos , que no te abandonen nunca y cuida del alma de mi marido, que no se pierda jamás, y que si ha de ser así que podamos reencontrarnos en el cielo. No entiendo nada, pero si Tu quieres que sufra este horror, lo acepto. Solo te pido que preserves la alegria de nuestros hijos-que son tus hijos-, para que sean santos y fieles a Ti.
La oración y el amor pueden obrar el milagro de lo que parecia imposible: el perdón.
!! A luchar hoy más que nunca! . A luchar por ese amor que sigue ahí, en tu corazón casi omnipotente de esposa y madre o de esposo y padre. Ninguno estamos libres de meter la pata.
La virgen será nuestro consuelo al pie de la cruz, el ánimo y coraje que necesitan nuestras acomodadas vidas. Ella es madre y sabe lo que es el dolor.
! Animo !

1 comentario:

Claudia Castora dijo...

Gracias por tu visita amiga mía, la mesa servida no es lo mismo sino están los amigos.
Bello escrito que merece ser guardado para que lo lean los más queridos.

Un abrazo.